Por: Javier Barragán

Hablemos alto y claro
A veces se llena la boca mucha gente hablando de política, de ideologías y de etiquetas como si esto fuera un partido de fútbol. Pero los que nos pasamos las horas al volante, lidiando con la calle, con las caras de la gente y con las injusticias de cada día, sabemos muy bien de qué va la película cuando las cosas se ponen feas de verdad. Por eso hay que hablar alto y claro de lo que es el fascismo y de por qué, sin complejos, me considero profundamente antifascista.
¿Qué es el fascismo en realidad?
No nos equivoquemos. El fascismo no es solo una palabra vieja que sale en los libros de historia o cuatro energúmenos haciendo el Saludo Romano en una esquina. El fascismo es, en esencia, la ley del más fuerte, la bota pisando al débil, el desprecio absoluto por los derechos de los trabajadores y la imposición del miedo.
Es el sistema que busca dividirnos entre los «suyos» y los «otros», que señala al compañero migrante, que recorta libertades, que persigue a los sindicatos de verdad y que quiere que traguemos con lo que nos impongan bajando la cabeza. Es el odio organizado para que los de arriba sigan mandando y nosotros sigamos callando y pagando la factura.
¿Por qué soy antifascista?
Porque ser antifascista no es otra cosa que ser demócrata, ser persona y tener decencia. Es defender el pan, la salud, la dignidad y los derechos que tanto nos ha costado arrancar a pulso en la calle.
Llevamos muchos años al volante, viendo la realidad de la gente currante. Y te das cuenta de que el fascismo es incompatible con la vida digna. El fascismo busca la confrontación entre nosotros, los de abajo, para que no miremos a los verdaderos culpables de nuestros problemas. Ser antifascista es decir «hasta aquí hemos llegado» frente a los abusos, frente al autoritarismo y frente a los que quieren recortar lo público y pisotear nuestros convenios.
El antifascismo es, ante todo, humanismo y favor de las personas
Mucho se habla en contra, pero lo cierto es que el antifascismo va radicalmente a favor de las personas.
Es estar a favor de que cualquier compañera o compañero, sea de donde sea, tenga los mismos derechos y el mismo respeto en la cabina.
Es defender la sanidad pública que atiende a nuestros hijos, la educación que nos iguala y unas condiciones de trabajo justas.
Es la solidaridad de clase: entender que si pisan a uno, nos pisan a todos.
El antifascismo pone en el centro la vida, la libertad y los derechos humanos frente a la barbarie y el egoísmo.
Compañeras, compañeros: no nos dejemos engañar por los lobos con piel de cordero. Frente al odio, unidad. Frente al autoritarismo, dignidad obrera. Y frente al fascismo, antifascismo militante y de valores todos los días del año.
Por un servicio seguro, responsable y humano.
Somos Sindicalistas
Firmado: Javier Barragán 6.0
Muy buen articulo